Formado en la más que clásica doctrina eclesial y vivido en ese esquema durante mucho tiempo, doy gracias a Dios porque me ha despertado.
Los hombres se han erigidos en representantes de Dios, en mediadores exclusivos de su gracia, en intérpretes iluminados de la Sabiduría eterna y por lo tanto han abierto la brecha entre Dios y su pueblo.
Es cierto que en todas las religiones y épocas esto ha sido una constante, con un matiz u otro, la historia no señala generosamente testimonios de quienes se han erigido como intérpretes divinos. Y está todo bien, uno es respetuoso de los mitos y de las construcciones religiosas de la humanidad, de sus experiencias y creencias, en definitiva de su ser cultural.
Aún así me atrevo a sostener que en el marco de la fe en Jesús, a habido una "traición" a la interpretación de los testimonios históricos (relatos evangélicos y de más vestigios) en el sentido de la "jerarquía" (poder sagrado).
He señalado en varias ocasiones el proceso desintegrador, iniciado fundamentalmente en torno al emperador Constantino, que devino poco a poco en seguidores de Jesús, en formato religioso - cultual al mejor estilo greco romano.
Aún hoy podemos ver en los ornamentos litúrgicos en uso estos vestigios: la mitra, la casulla, la estola, el alba, etc. no así el solideo que proviene de la tradición judía. El término Diócesis proviene del siglo III y se usaba para definir las divisiones adminsitrativas del imperio. Sin ánimo de aburrir solo señalo algunas pistas que nos ayuden a entender el tema.
Es así que, resultó muy sencillo el salto de categoría de "hermano en la fe a Jerarquía" con todos los atributos que le asignamos al Papa, Obispos y presbíteros (sacerdotes), bueno y los diáconos.
El apóstol Pablo nos diría "Hombres, nosotros no somos dioses, somos pobres criaturas como todos ustedes." Linda frase para estampa de ordenación presbiteral o episcopal !!!
Hay toda una cultura eclesiástica que ha rodeado de "honores", "priviliegios", etc. a quienes hemos, en alguna vuelta del camino, servido en la comunidad al estilo de Jesús, "El que quiera ser el primero que se haga el servidor de todos". Esta cuestión a generado la tan mentada brecha de hermanos en la fe, lo digo con dolor ya que he sido testigo de este trato tan desigual en la comunidad de fe. El modo de vida de muchos "consagrados" resulta una afrenta, "mientras uno pasa hambre otro se emborracha" (1 Cor 11,21). "Esto también es Palabra de Dios" decía un viejo obispo luego de su predicación!! toda una síntesis del pensamiento jerárquico que no encuentra legitimidad en ninguna parte del evangelio y que es una construcción teológica influenciada por el cesaropapismo.
No estoy en contra de que exista autoridad, sí en contra de que esta genere poder, patrimonio, pusilanimidad. Las "tres P". Por caracter transitivo hemos pasado de lo mejor para Dios en el caso del Templo, a lo mejor para el representante de Dios y estos a su vez se lo tan tomado en serio.
Tampoco quiero detenerme en la ya consabida historia del enriquecimiento patrimonial de muchos consagrados, ni de ciertas casas de ejercicios para los señores cardenales en Roma, ni de sus modos ya sabidos de vida. Bueno sin irnos tan lejos, los "hombres de negro" en nuestra geografía marplatense con esa impronta tan "monseñorina".
Me refiero al error de la sustitución, de la representatividad cual ungidos por Dios, que lindo suenan las palabras bíblicas de Moisés en el libro de los Números "¡Ojalá fueran todos profetas en el pueblo del Dios y el Señor les diera su espíritu!" (11, 29). Más tarde Jesús nos hablará de esta efusión del Espíritu sobre todos.
Cuánto daño hemos hecho con esta concepción vicaria de Dios en los consagrados, cuánto tiempo perdido, cuánta inmadurez hemos generado en la comunidad de fe. "Puedo comer carne", "puedo ..." "puedo..." frases tan frecuentes en muchos cristianos...
Brecha profunda que hiere la teología del cuerpo según el Apóstol Pablo, que hiere la voluntad de Jesús al proponernos un camino de servicialidad sin recompensas en este mundo.
Decididamente no estoy conforme con este modelo de conducción prestado a la Iglesia desde hace tantos años y por otra parte si nos fue tan mal porque no intentamos retomar el modelo de Jesús.

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